Reseña: Cuadra, de Máximo Chehin

Cuadra de Máximo Chehin
Bajo la luna, 2023
320 páginas





La novela Cuadra de Máximo Chehin (Aguilares, Tucumán, 1972) lleva en el título la unidad mínima de terreno necesaria para enmarcar una multiplicidad de acciones: una cuadra anónima de una ciudad ribereña en el año 2015 donde vive gente cuyas “pequeñas historias no son más extraordinarias que otras que se dieron en la cuadras siguiente” y que tienen su punto de unión y fuga en el salto de un hombre desde el balcón.

Con las sirenas de patrulleros que sobresaltan a los vecinos, Cuadra despliega, en capítulos alternados, un puñado de historias pasadas y futuras. Una empleada doméstica, luego de ser despedida, viaja al pueblo de Salta donde vivió su abuela y hereda el don de la clarividencia. Un empleado raso comienza un proyecto de energía eólica y termina fundando el emporio más poderoso del mundo con una ciudad inteligente en la Patagonia sin jamás deshacerse de un dolor fantasmal en la pierna. Un militante quebrado del Movimiento Todos por la Patria se dedica a hacer mucha plata y después perderla hasta que deviene en sin techo, asistido periódicamente por sus hijas. Una joven integrante de la UES se exilia y tiene un encuentro amoroso con el encargado de un bar lisboeta del que muchos años después su sobrina leerá que ha sido vendido.

Estas son algunas de las tramas que entrelaza Chehin en tono homogéneo y sin perder la distancia respecto de acciones y protagonistas. En menor o mayor medida, las historias tienen alguna perspectiva política pero como si se tratase de un material más, sin jerarquizar (como expone el capítulo inicial, lo mismo vale, narrativamente, un incendio inmotivado en una panadería que el secuestro de una persona por un grupo de tareas), y sobre todo sin que las contradicciones históricas produzcan ningún tipo de tensión en el lenguaje. Esto acerca Cuadra más al orden de la fábula que del realismo: los cambios diametrales en la fortuna de los personajes son inmotivados; ellos no comprenden las causas y el narrador, a pesar de su omnisciencia, tampoco las aborda. Enriquece el retablo el hecho de que los personajes sean socialmente variados (hay mucho de proyecto naturalista en la novela), aunque algunas cosmovisiones individuales pequen de cierta ingenuidad o simplismo en su elaboración –como cuando la guerra total por los últimos yacimientos de petróleo llega a un armisticio una vez consensuada su “futilidad” por parte de las potencias mundiales.


El libro de Chehin intenta superar la novela convencional mediante una estructura narrativa relativamente compleja, pero termina fomentando la idea conservadora, y bastante extendida, de que la literatura consiste simplemente contar historias, sin conflictos en el lenguaje.


Publicada en Ideas / La Nación - 24 de febrero de 2024
https://www.lanacion.com.ar/ideas/resena-cuadra-de-maximo-chehin-nid24022024/

Luna en la hierba, de Aurelio Asiain


Si traducir un poema conlleva el ejercicio de situarlo en contexto histórico y social, la lectura del poema traducido bien puede fungir como vía de entrada, no solo al texto, autor y lengua originales sino a toda una cultura. En Luna en la hierba, el mexicano Aurelio Asiain, profesor y traductor, entre otros múltiples oficios, consigue realizar una tarea de traducción cultural en sentido amplio al tiempo que pergeña un artefacto literario de extrema fineza.

El volumen, publicado por primera vez en España por Hiperión (2007), compila en la presente reedición argentina 38 tanka de distintos poetas japoneses del período Heian (794-1185 d. n. e.); cada uno de los cuales, además de su versión original en ideogramas y una transliteración fonética al alfabeto latino, viene escoltado en las páginas pares por un comentario que se explaya en relación a los códigos estéticos que presentan los versos en cuestión, la historia del período, aspectos destacables de la vida de los poetas, puestas en relación de figuras y tropos (qué significan en un poema la flor del cerezo, la luz de la luna, las mangas húmedas de un kimono), aspectos formales y sonoros del poema original, variaciones posibles sobre la traducción e incluso otros tanka que funcionan como referencias ineludibles en la vigilado entramado de la tradición cortesana. La estructura misma de Luna en la hierba entabla un diálogo con la tradición lírica nipona en tanto retoma el poema comentado, género muy fecundo en el periodo clásico japonés.

La holgura y elocuencia con que Asiain elabora los comentarios y la introducción al libro no se vuelven sino más valiosos incluso en complemento con la meticulosidad de la traducción, así como la exhibición de los criterios con que fue realizada. Si la compleja riqueza de una cultura que nos queda lejos en tiempo, espacio y comprensión de los elaborados códigos de clase (Asiain hace hincapié en el carácter, no público, sino limitados a la sociedad cortesana en el que se inscriben y circuló el tanka) está como encriptada en caracteres japoneses, el proceso idóneo para desandar las capas centenarias de codificación cultural parecería ser, según sugiere la lectura de esta antología, uno a la vez claro, pedagógico y sincero con su propio lugar de enunciación.

Un caso paradigmático de la traducción cultural que plantea Luna en la hierba se puede leer en el poema de Sakanoue no Korenori: “Luna del alba/ al resplandor primero/ me parecía:/ el pueblo de Yoshino,/ nieve recién caída.” La lectura no guiada de este tanka seguramente pasaría por alto que el pueblo Yoshino es conocido desde el siglo VII por la gran cantidad de cerezos que plantara “para atracción de estetas y turistas, el santo asceta montañés En no Gyouja”; con lo cual la mera mención del topónimo debería evocar en el lector nativo (y familiarizado con el simbolismo de Heian), de manera inmediata, la marea de pálidos pétalos que con su floración anuncian el inicio de la primavera. Sin este dato, que Asiain contextualiza a nivel histórico a la vez que estético, la mayoría de los lectores ni siquiera sospecharíamos la presencia de la flor del cerezo en el poema, que, como el comentarista no tarda en desarrollar, integra la tríada del setsugekka (cuyos caracteres representan nieve, luna y sakura), parte de una larga tradición, ubicua tanto en la poesía como en las artes visuales del Japón clásico.

Luna en la hierba está dirigido a un “lector metódico”; alguien dispuesto a seguir con atención las resonancias internas de una antología que, con equivalente devoción metódica, condensa un abanico de sentidos diversos en una extensión reducida al mínimo. Así es cómo Asiain expone y desafía al lector cuando analiza de qué manera la figura del barquero puede provocar sentidos opuestos en dos poemas de autores distintos: uno “navega hacia la disolución” mientras que el otro, con su canto, “llama al que lo oye a una vida que está en otra parte”. O cómo el símil del brocado, que suele asociarse a “los ocres y oros sangrientos del otoño encendido” es reconvertido por Sosei, con no poco alarde de innovación, en un metáfora de la primavera (“Sauces, cerezos/ donde la vista llega/ entretejidos:/ la ciudad, en brocado/ primaveral resuelta”).

Ya desde la decisión de limitarse al tanka (poemas de cinco versos; de cinco, siete, cinco, siete y siete sílabas) en lugar del haiku (forma mucho más conocida en Occidente, que surge en el siglo XV al suprimirse los dos últimos versos del tanka), Luna en la hierba presenta una vocación por desarticular los lugares comunes que predominan acerca de la poesía nipona clásica. Ese mismo impulso crítico se corrobora en varios de los poemas seleccionados por Asiain que, por su excepcionalidad respecto a la doxa, otorgan un aliento estimulante a la antología: un tanka de verano de Sone no Yoshitada, cuando la tradición privilegia la suavidad climática de las medias estaciones, que tensa con ambigüedad la cuerda del erotismo; otro, del célebre Fujiwara no Teika, que a contramano de “la convicción corriente que identifica la verdad de la poesía con la inocencia del poeta” llega a través del pensamiento a la certeza de que sí hay color en el cielo nocturno (“...es claro el otoño/ en la luz de la luna”); un poema de Masaoka Shiki que, en pleno siglo XX, presenta homenaje al béisbol, o aquel de Minamoto no Sanemoto en el que, con aires de barroco español y lejos del realismo que lo caracteriza, otorga existencia plena a lo que parece ilusorio, “...una sombra/ en el espejo,/ que no está donde está/ ni ahí deja de estar.”

Publicado en revista Ñ (07/03/2024)

Luna en la hierba
Compilado, traducido y comentado por Aurelio Asiain
Interzona
2023
112 páginas

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